domingo, 12 de junio de 2016

LEYENDA DEL CLAVEL DE AIRE.


 Este clavel de aire en plena floración con sus colores azules , malva y rosa, sus hojas verde plateado.
Planta que no necesita tierra para su crecimiento, le basta con la humedad  de la atmósfera y el aire.

Un adorno en mi naranjo que murió hace unos años y ahora lo tengo de soporte para mis claveles.
Es una planta bella y a su vez enigmática para los creyentes a las supersticiones y files a los mitos y leyendas.

En el noroeste argentino se cuenta que hace mucho tiempo, en la época de la conquista, un oficial español se enamoró de una hermosa indiecita de nombre Shullca. La vio por primera vez durante una expedición, mientras ella caminaba por las sierras, y ya no pudo olvidar la belleza de sus rasgos y la dulzura de su voz. Apenas llegó al pueblo averiguó quién era la joven, y desde ese momento se propuso obtener su atención. Pero a pesar de los insistentes galanteos, Shullca nunca correspondió su apasionado amor.
El militar juró entonces vengarse de aquella mujer que despreciaba su cariño, y una tarde en que la halló sola en las sierras, comenzó a perseguirla. La niña, en su desesperación, trepó a la rama más alta de un coposo algarrobo. El viento era fuerte, y mientras más subía Shullca, más se balanceaban las ramas amenazando con derribarla. El joven oficial trepó tras ella y con dulces palabras le pidió que bajara, prometiéndole respetarla si así lo hacía. Pero la niña se negó, y el enfurecido soldado blandió su puñal en señal de amenaza. La aterrorizada indiecita no atinaba a moverse en su precario refugio, y el despechado joven arrojó el puñal que fue a clavarse en el pecho de Shullca.
El cuerpo de la bella jovencita cayó al vacío y tras él, el del oficial hispano. Una gota de sangre alcanzó, empero, a humedecer el tronco del árbol. Y allí nació el clavel del aire, que Con su fragilidad y delicadeza recuerda por siempre la inocencia de Shullca.